mas liviano que el aire


textos de Manuel Quaranta y Fabian Carrere,
para la exposición Mas liviano que el aire, en el espacio 34/35, del Palacio Barolo.

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El lenguaje sirve para muchas cosas, no sólo para comunicarse.
Según Roman Jakobson, en “Lingüística y poética”, el lenguaje tiene seis funciones, pero a nosotros nos interesa
especialmente una, la función fática, cuya finalidad consiste en asegurar o mantener la comunicación entre el emisor y el
receptor. O sea, no busca transmitir información nueva o sentimientos añejos, sino comprobar si el canal comunicativo está
abierto. En este ámbito no importa el contenido, lo que importa es romper el silencio, mantener el contacto, suavizar la
presencia del otro. Por eso el empleo más frecuente de esta función se da en los ascensores. Dos desconocidos frente a frente,
nadie sabe muy bien qué decir ni qué hacer, entonces uno arranca: “¡Qué viento!”, “Llegó la lluvia”, “Al menos no llueve”, “Se
está nublando otra vez”. El clima nos rescata de los momentos más incómodos.

Bien mirados, son mensajes casi telegráficos (¡Cambio!, ¡Fuera!) y sin embargo constituyen una especie de ritual, con los
vecinos, con un nuevo compañero de trabajo, como si el intercambio lingüístico tratara de confirmar que ambos
interlocutores (pueden ser tres, cuatro) forman parte del mismo mundo.

Justamente, el término original es phatic communion (comunión fática), con lo cual se observa mejor la idea de lazo, vínculo
entre los hablantes, la pertenencia al grupo. A decir verdad, Jakobson le pidió prestado el concepto al antropólogo polaco
Bronisław Malinowski, que lo menciona en “El problema del significado en las lenguas primitivas”.

La fática es la función más elemental del lenguaje humano, anterior a cualquier sentido, pues es puro vínculo. Quizás sea
también el uso más afectivo (aunque parezca lo contrario), porque surge de la necesidad de comprobar que el otro está allí.
De todas maneras, las funciones establecidas no son compartimentos estancos y son susceptibles de contaminaciones,
desplazamientos, mezclas.

¿Quién estaría en condiciones de asegurar que no puede haber emoción o poesía en la frase “al fin salió el sol”?

Manuel Quaranta

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.-..  ..  —  ..  –  .  (1)
Pueden ser fronteras invisibles entre lo que somos y lo que podríamos ser. También una línea trazada sobre un mapa, puede
separar dos territorios o dos voluntades; pero también puede ser un punto interior, un umbral íntimo donde algo se detiene o
algo nuevo comienza. Vivimos rodeados de límites: el cuerpo, el lenguaje, el tiempo, la comprensión. Nos movemos dentro de
ellos creyendo que nos restringen, pero tal vez sean ellos los que nos dan forma; al rozar lo que no podemos, comprendemos
lo que somos.
Ahí cuando el Dogma formula un conjunto de principios considerados incuestionables dentro de un sistema de pensamiento,
en busca de certeza, reside el valor precisamente en ser transitable, en permitir que el pensamiento lo roce, lo cuestione y,
eventualmente, lo reformule. Fijan los bordes de lo posible.
Traspasarlos puede significar perderse o encontrarse, caer o volar; establecer una base sobre la cual construir capas de
sentido.

…- — -. – .-. .. . .-.  (2) le propone al cineasta Jørgen Leth realizar cinco nuevas versiones de su
propio cortometraje The Perfect Human filmado en 1967, donde cada una de ellas debe estar sometida a ciertas reglas y
condiciones que el mismo impone. Establece una franja incierta donde toda certeza se interroga y todo límite se vuelve
posibilidad. En “The Five Obstructions” el juego cobra vida, funciona y resulta desafiante en términos creativos frente al
atravesar cada uno de los límites impuestos.

-.. . .-.. . ..- –.. . (3) piensa el límite como un estado de crisis, pero no como una decadencia de los
caracteres que definen un momento, sino una tendencia del co
njunto de elementos que los contiene a hacer estallar sus
propios límites. El límite es aquello que nos revela.

— . -. .- (4) vincula los límites con estados mentales de tensión personal; de ansiedad atmosférica que se activa al
anticipar sucesos o circunstancias que se perciben como acontecimientos imprevisibles que potencialmente podrían
amenazar, una tensión entre lo que es y lo que aún podría ser.

Una tensión con capacidad para oscurecer y desatar la furia que la convierte en un símbolo de lo impredecible. La calma
presagia la amenaza inminente de cambios repentinos, de eventos disruptivos.

En este estado de capas ocultas de inestabilidad la infraestructura consiste en arquitecturas de aire ascendente que se
mantiene más cálido que el aire circundante, favoreciendo así su ascenso continuo. En este contexto incontrolable
la tensión de la gravedad está sostenida en la imposibilidad; la baja intensidad provoca una sensación de ingravidez.

Frente a la retirada de un paradigma estable, los sentidos de orientación y espacio en donde cualquier mito de clavar cuchillos
en forma de estaca en la tierra puede evitar la inestabilidad atmosférica, es cuando el cielo es el mensajero. El medio es el
mensaje. El desplazamiento también da cuenta de un aspecto importante, propaga una codificación, un laberinto de líneas y
puntos en clave rítmica encriptada.

Tanto Von Trier como Deleuze piensan en una forma de reconciliar el límite con la libertad, una mejor versión de uno, y así
también como el marco en donde la razón duda y el impulso se atreve, una respuesta adaptativa al cambio. Sin embargo,
frente al límite, Mena experimenta flotar para perder toda conciencia de qué es lo que está arriba y que abajo; en esta
atmósfera pierde forma el propio cuerpo y su contorno; borde donde lo imposible empieza a murmurar su promesa.
Es cuando elevarse define ser más liviano que el aire.

Fabián Carrere

1. Límite / 2 Von Trier / 3 Deleuze / 4 Mena